"¿no cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal mas fresco se marchita?"


M. Hernandez



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lunes, 25 de enero de 2010

La maldición blanca





Haití: La maldición blanca (Eduardo Galeano)

> El primer día de este año [2004], la libertad cumplió dos siglos de
> vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después,
> el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los
> medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad
> universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó
> volteando al presidente Aristide.
> Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo,
> las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de
educación
> atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen
día
> cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del
> tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres
> años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco
convincente
> que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
> Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos,
sufre
> desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y
> propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal
> ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su
> país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en
otorgar
> reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras
> tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la
violencia.
> Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta
> 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en
> el mundo.
> ---
>
> Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima
carnicería.
> Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de
> este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y
confirmaron
> que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal
> el bien.
> Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer
> tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más
> pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron
algunos
> especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros
> sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la
> salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros.
La
> maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
> De la maldición blanca, no se habló.
> ---
>
> La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón
la
> había resucitado:
> –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
> –El anterior.
> –Pues, que se restablezca.
> Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta
> naves llenas de soldados.
> Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la
independencia
> nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una
> tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar
y
> un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda
francesa”.
> Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A
> poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una
indemnización
> gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación
del
> pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo
> país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna
> que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44
> presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un
siglo
> llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban
> multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para
> entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.
> ---
>
> A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva
> nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada
a
> la soledad.
> Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos,
> armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a
> la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con
la
> sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta
> entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su
> guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a
> Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
> En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países
> independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran,
> además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero
la
> realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851,
> Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.
> ---
>
> En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve
> años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de
> recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario
> del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación
> del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de
> Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada
> prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder
> extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la
> esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras
> públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la
> resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en
cruz
> contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza
> pública.
> La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron
> dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para
> exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron
en
> Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después,
Duvalier
> fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.
> ---
>
> Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron
> sumando las desventuras y los años.
> Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró
pocos
> meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo
> llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en
> brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a
> derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez
> volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
> Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las
> tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del
> Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin
chistar.
> Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a
> pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos
los
> aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los
> campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se
convirtieron
> en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las
> profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y
> raras veces aparecen en los diarios.
> Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde
los
> expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han
> olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la
> producción nacional.
> ---
>
> En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza
Haití,
> hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
> Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria,
pestes.
> En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos
tienen
> la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua
maestría,
> recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen
en
> los mercados populares.
> Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su
> dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su
> gente.

2 comentarios:

Fernando dijo...

Los que te queremos (sabes que somos unos cuantos y unas cuantas) miramos como va el blog.

Me alegro mucho verlo discurrir, mucho. Un beso, Fernando.

Fernando dijo...

Los que te queremos (somos muchos y muchas) nos alegramos mucho de ver que el blog discurre.

Un beso, Fernando.