"¿no cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal mas fresco se marchita?"


M. Hernandez



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viernes, 27 de junio de 2008

Esperando la soga







Por fin explotó todo, espero satisfecha la soga de la horca, no estoy enajanada, ni lo estuve en aquél momento, estaba serena, como una playa infinita en la que se conjuga toda la quietud del mundo.
No escuché sus palabras envenenadas, ni miré esos ojos llenos del desprecio que tan bien conocía . Sólo veía aquélla garganta escupidora de cieno que durante años me había ido cubriendo de una malla viscosa hasta convertirme en un ente quieto, mudo, amorfo.

Sus venenos, escupidos en forma de agujas habían suturado mis labios célula a célula, las microcuerdas que arrastraban fueron atando la lengua al paladar dejando apenas un espacio por el que penetraba un hilo de aire insuficiente para mantenerme alerta. Pero fue tan poco a poco, tan sutilmente que cada vez que penetraban aquéllas agujas en mi boca apenas si notaba una molestia pasajera.

Y casi no hubo gritos, quizá sólo algún sonido gutural, una mezcla de ronquido y queja intentando atrapar el aire que ocupaba la sangre que salía en borbotones burbujeantes, el aire y la sangre creaban una especie de imagen volcánica en miniatura, lanzando fragmentos de tráquea y secreciones con cada esfuerzo por respirar, sus ojos asombrados, incrédulos, buscaban con desesperación los míos, pero yo no estaba allí.

Solo mi cuchillo.

domingo, 15 de junio de 2008

crónica de un diagnóstico





Imán Maleki. Pintor iraní


Tras esta primavera empapada de invierno
el nudo de la muerte despacio se desata
no volveremos nunca, ya no regresaremos
a las risas de plata.

Se tambalea todo, todo parece absurdo,
se esfuma la estructura de lo que fue importante,
se desluce el presente, se oscurece el futuro,
ya nada es acuciante,

desde el terror los ojos como desdibujados
son acuíferos lentos estancados y fríos,
y apenas perceptible el temblor de las manos
colgando en el vacío.

El amor toma cuerpo, se prodiga, se luce,
cada palabra dice, cada minuto cuenta
las caricias adquieren consistencia de nube
rebelión de tormenta.

Desciende lentamente un algo misterioso
como una gasa sucia que silencia lo audible
y que oculta certezas, y que diluye un fondo
que era inamovible.

sábado, 14 de junio de 2008

Recordando a Alfonsina






Alfonsina de bruma que anheló el beso frío,
la tibieza de espuma, el golpe de la ola
en su flexible tallo y en su bella corola,
flor nocturna y callada que partió sin navío.

Poeta de aguacero con dolor de tormenta
va sobrada de vida hacia la mansedumbre
tragada por la pena, sin faro que la alumbre
toda bañada en noche, como sin darse cuenta,

implacable y profunda amarrada a la luna
de la luz arenosa que pacta con la muerte
Alfonsina poeta, deja su cuerpo inerte
desvestir por el viento silbante que la acuna.

Su figura de piedra persiste eternizada
en la nana de roca que le canta al oido
para que no la lleve el mar embravecido
a callar sus dolores en la noche estrellada.