"¿no cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal mas fresco se marchita?"


M. Hernandez



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domingo, 28 de octubre de 2007

tic tac






Tiende el amor a cargarse de cadenas
y sin premeditarlo, hacernos daño,
a vestirse de obviedad, a ser tacaño,
-sin saberlo el tiempo le envenena-


tiende el amor a quedarse en una esquina,
apoyado, como un harto mendicante,
con el cansancio escrito en el semblante
esperando el huracán que se avecina,

tiempo y amor escriben sus certezas
sus grises experiencias cotidianas
hastiados de tragarse sus desganas,
compartiendo rutinas y tibiezas

un día, -uno cualquiera, todo estalla:
los miedos, los silencios, los reproches
y los llantos silenciados tantas noches.


El tiempo es ganador,
el amor calla.

domingo, 21 de octubre de 2007

tejas celestes







En el cielo hay un lugar hecho de tejas
de todos los colores inventados,
suspendidadas, sin puertas y sin rejas
entre estelas de blanco nacarado,

lo habitan criaturas cotidianas
de ésas que en el mundo van de traje,
se levantan temprano a la mañana
y se enfrentan a la vida con coraje,

pero tienen disfraces escondidos
en una parte oculta de su armario:
de brujas, de diablos, de bandidos...
-no alcanzaría a hacer un inventario-

...y puede que el disfraz sea el mundano
y de verdad sean seres estelares...
ya se sabe, la magia da la mano
al que mira una luna y ve millares.

Deudora como soy de todas ellas,
-de las tejas y de las criaturas-
les lanzo endecas en ciberbotella.

-no quiero que me llamen caradura-

sábado, 20 de octubre de 2007

yo defiendo el olvido




Yo defiendo el olvido, terapia milagrosa
si se logra escribir una página nueva,
no digo en blanco, no, la anterior se releva
-maltrecha y arrugada- por otra vigorosa,


el antes es soporte, es saber, es conciencia,
y nos marca el camino sobre las cicatrices
que sujetan los pies calzados de raíces
que van suministrando sus dosis de paciencia,


yo defiendo el olvido que permite la risa
que arrincona esa sombra que mata la mirada,
es lícito olvidar, - la frente levantada,
los ojos penetrantes, la garganta insumisa,-


y aunque no lo parezca, defiendo la alegría,
-de todos es sabido que la apariencia engaña-
y aunque la pena a veces me desgarre con saña
pugna por inundarme su luz, -quien lo diría-

domingo, 14 de octubre de 2007

agua amarga





Ralladura de almendra para la boca
y chocolate espeso para la frente,
es la fruta escarchada la que convoca
tanta palabra cuerda desde la loca
garganta de los versos de sol doliente.

En el camino denso del día a día
voy librando la guerra mas silenciosa
ofrecería todo, todo daría
por matar esta terca melancolía
que me cubre con brea negra y viscosa.

Pido mas poesía, más más maderas
que alimenten la llama de las pasiones
mas caminos de verso, menos fronteras
menos sueños que tiñan nuestras ojeras
y más Aquiles vagos en los talones.

Y convoco a la vida, la reto ahora
tras de tanto morirme de frío lento,
pero esa larga ausencia demoledora
deshiela en agua amarga que decolora
cuanto toco tornándolo ceniciento.










domingo, 7 de octubre de 2007

...y






...y sobre mí la espada
su filo dia a día
con la memoria hilada
fuertemente amarrada
a mi melancolía,


y sobre el cielo denso
una breve fisura
de un puro azul intenso
que en un lento descenso
repara la hendidura
abierta en mi costado.

El otoño regresa
con su pelo dorado,
y tragando el bocado
que mantenía presa
mi garganta dolida
inicio mi regreso,

algo más abatida,
algo mas comedida
tras el último beso.




sábado, 6 de octubre de 2007

celeste




Hay dos monstruos que acechan en las esquinas
azuzados por mares de azul celeste,
del océano lunar al monte agreste;
uno con piel de toro, otro, argentina,

terriblemente bellos, picos ardientes
que disparan sus balas de brillo intenso,
balas de luz y plata que en ascenso
matan a quien se acerca por imprudente,

y no hay pizca de almíbar en la cocina
de estos dos cocineros de las pasiones
sólo tienen diamantes por los rincones
y en su patio una sombra bajo una encina,

se devoran ardientes en plenilunio,
recomponen las luces mas desvahídas,

con olas espumosas curan heridas
y conjuran los ecos del infortunio.


...
La sombra de la encina, del patio umbrío,
acoge mis tristezas, mi desaliento,
entre tanta belleza, por un momento,
la vida es un impávido desafío.